...txikiak izanen die, ezta?

2006/05/10

Atiatzeko gogoak!


Eguraldi eeeeeaaaaarrrrrrrraaaaaaa, bai, eta ni etxian sartue!

Ya vale de darle al REC... gaur ein dezakeanak etzu merezi...

kalera noie!


Aio!

2006/04/05

Sí, tengo un mal día...

Me consume, me retuerce las entrañas, no puedo hacer uso de mis ojos y trato de no escuchar, mis sentimientos mas innobles salen a la luz, mi razón se nubla, mi odio despierta y mi rabia se alza y escupe tiña.

Repudio con todas mis fuerzas y desde lo más profundo de mi ser la “actitud progre” y el dejarse llevar de la gente por actos y frases carentes de significado. No reniego de la violencia, ¿Acaso no es violento un encierro, una corrida de toros? ¿Acaso no hay violencia la cárcel, en la mascletá, en el fútbol, en el sexo,o en una bofetada de tu madre?

Pero aún más, detesto a las personas que dando por hecho alegremente que la violencia es mala, alimentan a los ejércitos y fuerzas de orden público.

El hecho de que un semejante diga que es tolerante con mi opinión me provoca náusea.
Un padre puede ser tolerante con su hijo, un rey con sus súbditos, pero... ¿quién de mis iguales sería capaz de ser tolerante conmigo? Valiente bastardo si lo intentara.

Ardo de ira cuando me permiten manifestarme, ¿qué sucio prepotente retrasado es capaz de suponer que tengo que pedirle permiso para manifestarme? ¿Acaso ha buscado en el diccionario lo que eso significa?

Esta sociedad está podrida de expresiones mil veces usadas y sin sentido que hacen que nuestras conversaciones siempre caigan en la rutina de palabras encadenadas, que se oyen y dicen como mero ejercicio inducido y pseudo comunicativo. Y por supuesto también aborrezco esto con impetuoso desdén.

Me alegro cuando alguien expresa un sentimiento propio y sincero.

Poema....

Anudado sin piedad

por el fascismo del idioma,

engreido por la chulería

del adolescente que se las sabe todas.

Abatido mudo y ciego,

desgarrado por la hoja

de la vida,

que aún herida

lucha por sí misma,

yace perdiéndola

mi espíritu,

alma,

ser.


He tenido la suerte de encontrarla, pero nunca el valor de dejarla.

Hasta aquel día jamás creí que fuera capaz de negar tres veces, bueno, en realidad sólo negué una vez, pero la podredumbre que inundó mi ser fue tan axfisiante y hedionda que hasta mi ropa quedó apestada.

Ahora nunca hablo a la gente a la cara, pues supongo que podrían descubrir el pecado a través de mi propio aliento.

Quizás hagan falta más vidas para aprender a soportar lo etéreo de la voluntad.


Átame con fuerza, únete a mí.
Haz que nuestros sentimientos se vuelvan uno, haz que mi dolor se apague hasta convertirse en amor verdadero.


Desprenderse de esa adicción, arrancarse, con rabia, el ancla que te arrastra a la comodidad cuando sabes que esa comodidad es el final del camino que elegiste.

O bien darte cuenta de que no hace falta la movilidad física para sentirte en crecimiento.

Lo peor no es arrepentirte de lo que hiciste o de lo que no hiciste.

Lo que me atormenta es la duda antes de dar el salto al vacío.


Coche roto, cambio de ciudad y de trabajo, dejar a su pareja de toda la vida, nuevas compañías, parece mentira que pudiera pasarle todo en la misma semana.

De todas formas él ni se hubiera inmutado en esta situación, -creyó adivinar Ana mientras deshacía la maleta sobre el parqué del "nuevo" piso- así que yo tengo que mantenerme firme y no darle vueltas.

Al fin, después de revolver en el fondo de la maleta encontró el teléfono.
-Uf, que suerte, creía que lo había perdido- comprobó que no tenía llamadas ni mensajes y en un momento de furia contenida lo arrojó contra un cojín.

Estiró con habilidad y fuerza cada una de las prendas que había extendido por el suelo al buscar el móvil, y las volvió a doblar para dejarlas ordenadas, pero antes de ello tenía que dar una vuelta de reconocimiento por su nueva casa.

Se puso de pie y se acercó a la ventana, pensaba que al abrirla se iría el olor de pintura que inundaba el cuarto, pero al asomar la cabeza por el blanco patio interior se dió de bruces contra el denso olor a humo de la cocina del bar de abajo. Cerró con dificultad la ventana de madera dando un pequeño golpe para acabar de sellarla y volvió las contraventanas ya que en la ventana de enfrente había pantalones y camisetas de chicos jóvenes, probablemente estudiantes, y no quería, de momento, que nadie en el bloque supiera que vivía ahí.

Acto seguido salió de su pequeña habitación por el largo pasillo hacia la sala de estar, a cada paso se oía quejarse a la tarima, llegó a la sala y al subir la persiana entró la luz con fuerza, abrió la puerta y desde el balcón apreció toda la parte vieja desde una perspectiva que le encantó, al ir a ver el piso no había tenido tiempo de fijarse en todas esas casitas con tejados rojos, patios interiores con tomates y pimientos plantados, canarios colgados de diminutas ventanas y señoras tendiendo coladas mientras oían los programas matinales de la televisión.

Después del largo viaje en tren se sentía hambrienta así que decidió bajar a la calle a buscar una tienda en la que llenarse el frigo, que por cierto, olía a cerrado así que lo abrió, por lo menos hasta que trajera algo.

Bajó los cuatro pisos y no se encontró a nadie, aunque en el segundo tuvo que llegar a tientas al interruptor ya que la lucera no iluminaba hasta tan abajo, salió a la calle decidida y con el rápido paso que le caracterizaba, zapatillas baratas y sin cordones, pantalones chinos y blusa blanca a medio abrir que dejaba ver la camiseta interior, entonces lo oyó, a la vez que por el rabillo del ojo percibió un algo extraño.

Estuvo unos pocos segundos acechando detrás de aquella esquina con los nervios de una colegiala adolescente robando un examen, sólo por el hecho de que no la descubrieran mientras observaba curiosa.

Se recoge la coleta mientras se estira y disfruta del placer de llegar a una nueva ciudad. Un escalofrío le recorre el cuerpo, pero ella sabe que es la adrenalina de empezar una nueva vida.

Y aunque sé que no es fácil, por otra parte me atormenta la certeza de que otros más débiles lo han conseguido.

Quizás no sea del todo ético considerar a mis supuestos semejantes menos fuertes que yo, pero he de ser realista. De hecho, iré más lejos en mi apreciación, no sólo son más débiles, sino que su aparente fortaleza para afrontar el mismo reto no es sino el no ser conscientes de lo que hacían, no oír más allá del ruido o no ser capaces de mirar a través del vaho en el espejo, siempre es más fácil obviar la realidad si esta es incómoda.

Mi condición de dueño de mí mismo me obliga a ser cruel en ocasiones, benévolo en otras muchas para evitar la ira del contrario y rápido en mis decisiones mundanas para poder dejar atrás compañías no deseadas, pero para poder seguir viviendo sin traicionar a mi conciencia necesito reposar y tomar definitivamente y con calma esta última y decisiva determinación.


¿Qué pongo mañana para comer?


No pudieron seguir caminando en la nieve y retrocedieron hasta el viejo refugio que habían visto unos metros atrás, hicieron fuego, cenaron y sin apenas hablar se metieron juntos al saco que hicieron uniendo los dos individuales, se abrazaron para darse calor pero el cansancio no les dejó seguir, se besaron y quedaron adormilados durante un rato, de repente entre las sombras que proyectaba la hoguera, una culebra que parecía tener patas se deslizaba al lado del lecho de Eneko, sintió frío.
Entraba en la tierra y salía de ella como si buceara en el mar, sus dientes eran de perro y no tenía ojos, tenía el tamaño de un ternero lechal, era verde con el vientre grisáceo, su textura gelatinosa, pero se intuía una gran fuerza a cada golpe de su cola al avanzar. Eneko no tenía miedo, porque de momento el temible animal respetaba las distancias y acabó huyendo. Pero al girarse vio que no había nadie a su lado y supo que la bestia había elegido dar caza a alguien más débil.

2006/03/27

Harri erraldoiak


Mientras hacía las pruebas para el revelado, y entre los olores amargos y mareantes de los líquidos necesarios para tal menester, me quedé absorto al descubrir mi tremenda estupidez congénita.

La primera reacción fue sonreir, pero al darme cuenta de lo que había perdido, mi sonrisa se quebró.

La ilusión con la que había sacado aquella foto, una puerta de piedra separando el presente del pasado, me dió la impresión de que en cualquier momento podría cruzar el umbral del tiempo, estaba claro para mí, en el momento de sacarla, que esa foto era mucho más que una simple piedra y unas vacas mirándome con picardía.

Lo que había perdido aquella mañana, mientras hacía las pruebas de revelado, era la inocencia. La inocencia para crear libremente, la inocencia para luchar por lo que fuera.

Y todo por reirme burlonamente de mí mismo.

2006/03/24

Eskizophrenia


Quiero creer que nada de lo que me atenaza es leve, para así poder considerarme mejor persona. Por eso a veces tiendo a exagerar todo aquello que me sucede intentando hacer creer a los demás que siempre soy yo a quien le sucede todo lo más, lo mejor, lo peor o lo único... eso no es algo sobre mí que haya conocido desde siempre, de hecho tampoco estoy seguro que sea así, pero mis años conmigo mismo me hacen creerlo.

Esto viene a cuento de una situación que marcó mi vida para siempre y de la que muchos de mis conocidos se han reído, empequeñeciendo el verdadero sentido que tuvo para mí, probablemente debido a lo que ya he comentado en el párrafo anterior.

Pues bien, sin ánimo de resultar en absoluto tremendista ni queriendo sobre valorar el hecho en sí, me he visto en la necesidad de escribir esta pequeña historia acaecida (o imaginada) probablemente a causa del calor y otros factores circunstanciales que acaso afecten a la capacidad cognoscitiva de igual manera. De sobra es conocido por todos el efecto sinérgico de ciertos compuestos químicos y los rayos del sol para con la capacidad mental antes mencionada. Pues bien, a pesar de dudar que este último motivo fuera el que realmente me llevara a considerar el hecho tan importante como para contarlo, no está de más tenerlo en cuenta para que a la hora de sacar conclusiones nadie se apresure a tomarme por loco.

Bueno, al grano:

Llegué, la vi y quedé prendado...

No creo que fuera la misma persona que acababa de salir del coche que yo conducía, fue un momento en que dejé de verla, tan sólo un par de minutos, suficiente para que el bosque se la tragara y la escupiera de nuevo hacia mí envuelta en vistosos colores y olores más propios de jardines de cuento, su sonrisa y su pose resumían la arrogancia de saber que una fuerza superior la amparaba. Su piel reflejaba la luz con más brillos que el agua que acariciaba sus pies, a la vez que murmullaba un coro acompasado al cantar de los pájaros que miraban. Era una diosa.

Y no pude sino rendirme...

En más de una ocasión he intentado convencer a mis amigos de que la historia es verídica, de que no hay nada ni lejanamente parecido en mi vida que me haya hecho sentir así, pero ellos insisten en decir que soy un exagerado, o incluso cosas peores.

Lo que hace que me considere aún más afortunado y realmente crea que es a mí a quien le suceden esos hechos increíbles, únicos y dignos de anhelar.

Ahora ya podéis llamarme loco.

2006/03/23

Ba, badoa, ezta?




Paletak! nahiko tipo jatorra, AKA Kastorama...

Pruebando pruebando

Zeozer ikusten dezute??????